miércoles, 16 de diciembre de 2015

No reprobar… ¿servirá de algo?

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Reprobar o no reprobar… es necesario analizar cuáles son las razones que la Secretaría de Educación Pública está estableciendo para lanzar la política de no reprobar a niños de primero a tercero de primaria. La justificación es que en el nuevo enfoque por competencias la evaluación del aprendizaje se realiza por desempeños y es posible que un alumno haya logrado desarrollar ciertas competencias o ciertos aspectos de éstas para desempeñarse adecuadamente y otras no.
Entonces el profesor en vez de establecer una calificación debe establecer una valoración, sobre qué cosas ha alcanzado el alumno en su proceso de aprendizaje y qué cosas le quedan por alcanzar, lo que se hace más consistente con el enfoque por competencias. Sin embargo esto lleva a considerar que el sistema debe abrir un expediente de cada alumno que pueda pasar de un profesor a otro o de una institución a otra, para dar seguimiento al proceso de aprendizaje de cada alumno.
También esta información debe servir para comunicarle al padre de familia sobre los avances de su hijo y hacerle recomendaciones que permitan que los pequeños no pierdan el ritmo en época vacacional. Es decir, se está hablando de la retroalimentación que es un elemento de la evaluación del aprendizaje que está prácticamente olvidado. Los profesores tenemos la práctica de evaluar-calificar y decirles a nuestros alumnos cuánto han alcanzado, pero no cómo lo hicieron, ni que vemos ahora que finaliza un proceso en ellos y que es distinto de cuando inicio el curso.
No acostumbramos a decirles qué creemos que deben seguir trabajando para ir siendo mejores en tal o cual aprendizaje, no tenemos el buen hábito de retroalimentar el proceso de aprendizaje. Tampoco valoramos nuestra propia práctica pedagógica a la luz de esta retroalimentación, no nos hacemos preguntas sobre la relación que guardan los resultados de la evaluación y lo que se está haciendo en el aula, pasamos de largo con la evaluación, dándole más peso a la calificación.
Cuando un profesor retroalimenta a sus alumnos, las calificaciones que les ha asignado cobran sentido: “Mira, tienes ocho porque eres hábil resolviendo operaciones, haces buenos cálculos mentales, pero cuando tienes que resolver problemas tienes dificultades para ubicar una forma de solucionarlos. Sigue practicando, dile a tu mamá que te deje calcular los descuentos, o cuánto cuestan 250 gramos cuando sabes el precio de un kilo, verás que un día ya no te cuestan trabajo”.
También las calificaciones tendrían más sentido para el profesor, podría tener más claridad de porqué dos alumnos han alcanzado 9, si los dos se van del curso en desigualdad de circunstancias. En el enfoque por competencias sabemos que las personas presentan sensibles diferencias en cuanto a lo que logran en un proceso de aprendizaje, sólo por el hecho de ser diferentes. Claro que nunca se debe perder de vista el objetivo de aprendizaje.
Volviendo al dilema de reprobar o no reprobar, queda claridad que bajo este enfoque no debe reprobarse,  sino evaluar y retroalimentar el proceso. La pregunta es si estamos preparados para esta osadía en nuestro sistema educativo, en donde muchas veces no conocemos a nuestros estudiantes por su rostro, mucho menos en lo que han avanzado en un proceso educativo, quién se hará cargo de diseñar y construir un expediente que de posibilidad de dar seguimiento a un pequeño, quién se hará responsable de la sensible información que ahí se guarda y qué se hará con aquellos estudiantes que quedaron muy por debajo del objetivo de aprendizaje establecido.
Esto sin contar las perversiones de nuestro sistema educativo, en donde es bien sabido que desde hace ya muchos años hay la consigna de no reprobar estudiantes en todo el nivel básico, para bajar los números de la reprobación e incluso de la deserción. Sin embargo los profesores refieren que eso no ha solucionado el problema pues se ha dejado avanzar a estudiantes que no tienen los mínimos necesarios para enfrentar el siguiente curso, creándoles inseguridad, desconfianza, que concluye en el abandono escolar.

Nuevamente, y como ya en muchas ocasiones ha sucedido, las autoridades educativas creen que si es un decreto, habrá modificaciones en el sistema educativo, sin embargo esto no es así, pues se deben analizar, planear, formar, considerar los medios que facilitarán el cambio, antes de decidir llevar a cabo su implementación. En este caso se acatará la norma de la no reprobación, porque está ligada a un asunto administrativo, pero esta implementación se llevará a cabo sin considerar los aspectos centrales de la formación de cada alumno que esté presentando rezago educativo.

martes, 8 de diciembre de 2015

No basta con formar a los profesores

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Desde el 2007 estoy trabajando con temas de evaluación en el ámbito educativo, pues he estado involucrada en procesos de evaluación de la docencia y después con la evaluación del currículum, además en el último año, debido a que imparto la asignatura de evaluación del aprendizaje, he estado leyendo a diversos autores que trabajan el tema y he dialogado sobre esto con mis alumnos de maestría que además son profesores y todo esto me ha llevado a diversas reflexiones sobre cómo estamos haciendo la evaluación del aprendizaje en las aulas y que aquí trataré de plasmar en pocas palabras.
Una de mis mayores preocupaciones sobre el tema es que ahora y con la Reforma Educativa que se ha venido dando en los últimos años, se tiene un currículum con un enfoque en competencias y por otro lado se siguen realizando prácticas evaluativas que son más consistentes con el enfoque tradicional de la educación, así que el instrumento más utilizado para la evaluación del aprendizaje sigue siendo el examen. Utilizar exámenes para valorar si los alumnos han alcanzado los objetivos o las competencias planteadas al inicio de un proceso formativo no está mal, el error está en utilizar sólo exámenes habiendo tantos recursos.
Además de acuerdo al nuevo enfoque, tendríamos que revisar qué es una competencia y según lo que dice Perrenaud, el teórico más reconocido sobre el tema a nivel mundial, es una movilización de saberes para la resolución de tareas o problemáticas específicas. Estos saberes son conocimientos, habilidades y actitudes que sólo se pueden hacer evidentes a través de desempeños. Esto muestra que el examen puede ser utilizado para valorar un tipo de saberes que implica una competencia, pero no el resto.
Entonces los profesores tendríamos que estar diversificando los instrumentos con los que evaluamos para observar los desempeños de nuestros alumnos, utilizando proyectos, ensayos o monografías, es decir, productos que ellos mismos construyan. Además tendríamos que estar valorando no sólo los productos de aprendizaje a través de los cuales los alumnos estén mostrando qué tan competentes son, sino tendríamos que ir valorando el proceso, es decir estimar cómo se han ido haciendo competentes, con herramientas tales como los portafolios o las listas de cotejo entre otras cosas.
También, hay una preocupación entre mis estudiantes de maestría, pues ellos están viviendo la esquizofrenia del sistema educativo. Es decir, por un lado se tiene un programa con un enfoque en competencias y se les exige que su planeación y práctica docente que esté dada bajo este enfoque, pero cuando proponen estrategias evaluativas consistentes con la tendencia de las competencias, son reprendido por sus directivos y supervisores, teniendo que mostrar algo que no hacen, o se sienten obligados a regresar a las viejas prácticas del examen.
Por otro lado, En el V Foro de Acción, Modelos y Políticas Educativas que se llevó a cabo en el 2012 a la Dra. Margarita Zorrilla  hablando de los desafíos de la evaluación educativa en México y señalaba que uno de los pendientes es que los profesores se preparen para implementar en el aula las estrategias evaluativas que han sido señaladas anteriormente. Sin embargo en el caso de los profesores-alumnos de estas maestrías que se están formando y están queriendo implementar los procesos de evaluación en el aula con un enfoque en competencias, están entrando en el conflicto que el sistema les presenta, porque varios directivos y supervisores no están siendo formados en estos aspectos.
Así que creo que no sólo los profesores tienen que formarse para modificar las prácticas evaluativas del proceso de aprendizaje, sino también las autoridades de nivel medio, como son los directores y supervisores, que son los que frenan a los profesores que tienen la iniciativa de modificarlas. Fullan, investigador canadiense experto en procesos de cambio educativo, señala que si los directivos no se preparan en función del cambio, éste no llegará a buen puerto, pues serán los primeros en frenar a los docentes. Esto porque se sabe que los profesores son quienes ejecutan los cambios en el aula, así que los esfuerzos de formación se centran en ellos, pero este investigador nos hace ver que no es suficiente con formar a los profesores, sino la formación hay que extenderla a los actores educativos que participan en el cambio. Esto también incluye a los directivos y  administradores.
Me parece que éste es otro punto pendiente de la agenda sobre evaluación del aprendizaje en nuestro país, formar a los gestores del currículum en el enfoque por competencias y por lo tanto en las tendencias evaluativas bajo este enfoque. Todos estamos preocupados por la formación de los docentes, pero nadie pone atención en la formación de directivos y supervisores. Lo que quiero decir es que todos los que trabajan en el sistema educativo, incluso los administradores deberían estarse formando en el tema, por supuesto de distintas miradas, pero todos los actores deberían entender de qué se trata la nueva tendencia para que todos trabajarán en función de ésta.

En nuestra entidad federativa, muchos profesores han acudido a las universidades buscando formarse, no se han conformado con la formación que la SEP les ha proporcionado y esto está favoreciendo el cambio de prácticas docentes, incluyendo las evaluativas, pero constantemente se están enfrentando a las visiones fragmentadas de sus autoridades cercanas. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Más que saber de tecnologías, se requiere de un conocimiento pedagógico

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

La tecnologías de información y comunicación llegaron a la escuela desde hace ya varias década, creo que varios de mi generación, recordarán aparatos en los salones de clase como los proyectores de cuerpos opacos, o los de acetatos, los carruseles de diapositivas, sólo por mencionar algunos de los medios que hace no muchos años eran ya utilizados por los docentes.
Sin embargo, hoy estas tecnologías han rebasado cualquier imaginación, hasta provocar la ruptura del espacio y tiempo aúlico como ahora lo conocemos. Es decir, hoy en día se han popularizado los procesos de aprendizaje en línea que tienen básicamente dos modalidades los e-leraning, que son procesos que se presentan absolutamente a través de los medios tecnológicos, por lo que los profesores y los alumnos prácticamente no se conocen físicamente, aunque sí a través de las plataformas educativas y los b-learning, que son procesos semi-presenciales, lo que significa que hay momentos en que los alumnos y los profesores se reúnen y viven alguna parte del proceso de aprendizaje de manera presencial y hay otros en los que la actividad se da a través de las plataformas educativas. Existe una tercera modalidad, cuando se utiliza alguna plataforma educativa como apoyo adicional del aprendizaje.
Pero, ¿qué son las plataformas educativas?, se conocen en el ámbito tecnológico como LMS (Learning Management System) que en español se traduce como sistema de gestión del aprendizaje. No son más que software que reúnen una serie de herramientas que se clasifican en dos grandes grupos, los recursos y las actividades. A través de los recursos los profesores, pueden hacer llegar información a sus alumnos, como textos electrónicos, presentaciones en power point, ligas a páginas, blogs, videos con datos relativos al curso, etc. Mientras que las actividades son medios a través de los cuales los miembros del grupo (alumnos y profesor) entran en interacción.
Entre las actividades se pueden encontrar, foros que permiten que los alumnos tengan interacción a partir de una lectura, una pregunta o la construcción de un comentario con el resto de sus compañeros, es decir se deja una idea plasmada, que el resto del grupo puede leer y responder a cada compañeros o aquellos que considere conveniente. También depende de las instrucciones que el profesor haya dado. Es por de más decir que esta actividad puede ser llevada a cabo de manera asincrónica, cuando esto se lleva a cabo el profesor debe ser muy claro en cómo quiere que se haga la tarea y cuánto tiempo hay para realizarla.
Lo mismo sucede con la wiki que es otro medio para la interactividad del aprendizaje, éstas funcionan igual que la Wikipedia, es decir alguien sube una definición de algún concepto y el resto del grupo puede irla editando tanto como lo considere conveniente hasta que todos estén satisfechos con el producto logrado.  El chat es otra de mis actividades favoritas, sin embargo a diferencia de las anteriores, ésta es sincrónica, es decir los alumnos deben ponerse de acuerdo con el profesor para que puedan encontrarse cada quién es su propio espacio, pero al mismo tiempo. Los chats, requieren orden y una gran claridad del profesor de a dónde quiere llegar con esta actividad.
También están los Web Quest que son actividades que  permiten a los alumnos desarrollar proyectos, de manera individual o en pequeños grupos y además pueden presentarlo al resto del grupo, lo que da muestras de lo logrado por los alumnos en un curso y que puede ser comentado y retroalimentado por el resto del grupo.
A partir de que conocí y empecé a utilizar las plataformas educativas, no he podido desprenderme de éstas porque observo lo que mis alumnos aprenden a través de las actividades que aquí se han mencionado y eso que yo no soy, ni por mucho, una experta en el uso de estas herramientas. Sin embargo he podido darme cuenta también de eso, que las LMS son eso, herramientas y no sustituyen de ninguna manera la labor del docente que debe ser la de constructor de ambientes de aprendizaje que favorezcan el desarrollo de dichos aprendizajes en los alumnos. He visto quejarse a muchos alumnos de lo mal que fueron atendidos en un proceso en línea o de lo poco que aprendieron, eso se debe a que el docente no hizo una buena gestión del aprendizaje y de la plataforma, eso tiene que ver con un asunto pedagógico y no tecnológico.
Así que como ya tengo que cerrar este escrito, les digo a los amables lectores, que el rol del docente en estos tiempos con estas tecnologías, obliga a ser cambiado. Ya no podemos esperar al profesor que enseña, sino al que establece los medios para que sus alumnos aprendan a través del correcto diseño instruccional que se requiere para lograr que los alumnos comprendan (todos lo mismo), lo que deben hacer para entrar en un primer contacto con la  información, interactuar con sus compañeros en un proceso colaborativos y descubrir qué sabían, qué están aprendiendo en el proceso y qué ha quedando pendiente por aprender. Así que profesores, no es tanto un asunto de saber usar la tecnología, sino de tener un conocimiento pedagógico.

Y esperemos la tercera generación… pues ya nos está tocando la puerta.