jueves, 29 de octubre de 2015


Jugar y vivir los valores

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Hace un par de años tuve una experiencia desagradable, cuando salí de la Ibero Puebla para ir a mi casa, bajé el puente que está sobre la Atlixcayotl para tomar esta avenida rumbo a la ciudad. Esa bajada es un tanto peligrosa pues los automóviles que vienen de sur a norte circulan a una alta velocidad y los que se incorporan tienen que hacerlo con sumo cuidado e irse abriendo hacia la izquierda, pues además de la alta velocidad hay una buena cantidad de vehículo que quieren subir al puente rumbo al Hospital del Niño Poblano.
Después de esa maniobra un centenar de metros adelante, los carriles se reducían por una obra que el gobierno del estado estaba haciendo. Cuando estaba por llegar a esa altura, yo tomé mi precaución y me metí un carril más a mi izquierda, pero a mi derecha circulaba a alta velocidad un auto compacto y pensé, “bájale, ya viene la reducción”, pero el conductor no bajó la velocidad y ya circulaba adelante a mi derecha cuando se encontró de frente y con muy pocos metros para reducir la velocidad con la barra de contención que se puso de manera provisional para las maniobras de dicha obra.
El conductor se abrió como pudo, pero le dio con su salpicadera delantera a un bloque de la barra de contención y a una reja que salieron volando hacia la izquierda golpeando la camioneta tipo suburban que circulaba justo delante de mí. La conductora de este vehículo, una señora de más de cuarenta se detuvo porque su carro había sufrido daños, yo tuve que frenar violentamente porque, mi auto que es compacto y muy bajito se habría dañado de pasar encima del bloque y de la reja, al detenerme quedé justo a la altura del conductor del carro compacto, quién volteo a verme echándome una mirada de “vieja estúpida”, yo le eché otra de “te lo dije baboso”.
Mientras el conductor del auto compacto, que no rebasaba los treinta y yo nos echábamos miradas retadoras, la mujer de la camioneta se bajó para reclamarle su imprudencia y cobrarle por los daños hechos a su auto. Entonces ante mi mirada estupefacta y la de la otra mujer, el chofer del auto compacto se echó hábilmente de reversa, tomó rápidamente el carril que estaba a mi izquierda, mientras su compañero al que yo no había visto, sacó una mano haciéndonos una seña obscena a la mujer de la camioneta y a mi.
La mujer corrió a su camioneta se subió y se fue persiguiéndolos, mientras yo tardé en reaccionar y en incorporarme a la circulación por la cantidad de vehículos que venían sobre la Atlixcayotl. Me quedé pensando que los tipos del auto compacto ya no eran unos jovencitos como para eludir su responsabilidad de circular a una alta velocidad,  dañar la unidad de otra persona, tratar de huir al cometer una imprudencia automovilística y mucho menos para burlarse de la persona a la que dañaron al salirse con la suya. “¿De qué se trata?”, me pregunté mientras experimentaba un sentimiento de frustración, reflexionando sobre los pocos valores que tenemos como sociedad y que nos estamos acostumbrando a pasar unos encima de los otros.
Y dado que la semana anterior a este evento había esto en la IX Jornada de Red de Educación y Valores en la ciudad de Guadalajara y el tema central que se abordó es que tenemos que trabajar el asunto de los valores con estudiantes de todas las edades, pero principalmente en los niños. Se decía que si logramos reflexionar con los más pequeños los principios fundamentales de cuatro relaciones, la personal, la familiar, la social y la global; nos estaremos acercando a la construcción de un mundo más fundado en valores.
El Dr. Antonio Paoli, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, nos dio muestra de formas para trabajar los valores con los niños desde lo estético y lo lúdico; este académico apuesta que a partir de una experiencia estética, la reflexión de  dicha experiencia y el juego puede mostrarse un cambio de actitud. Entonces recomienda que los profesores trabajen los valores  partiendo de relatos, que dialoguen con los niños acerca del contenido de estos relatos, que los representen a través de la plática e incluso de obras de teatro, que canten y bailen sobre el mensaje de la canción y que vuelvan a dialogarlo entre profesores y niños.
El Dr. Paoli ha desarrollado un programa para trabajar su propuesta en escuela públicas en México en el que se incluye a las familias y ha empezado a implementarlo en el Estado de Chiapas,  pero invita a que visitemos la página y el Facebook que ha creado sobre esto para que cualquier profesor pueda practicarlo, pues ha desarrollado una serie de relatos y secuencias didácticas que pueden apoyar a los profesores en el trabajo de valores con los niños. Aunque el programa de este académico está pensado para el nivel de primaria, cree que los profesores de secundaria y de jardín de niños pueden adaptarlo. La dirección de su página es: jugaryvivirlosvalores.xoc.uam.mx   y en Facebook se pueden encontrar como “jugar y vivir los valores”.
Te invito a visitar tanto la página como el Facebook, sobre todo si eres profesor, pero también si eres padre o madre de familia. Considero que algo tenemos que hacer como adultos con los niños, antes de que se conviertan en patanes como los del accidente que narré al inicio. También espero que muchos patanes lean esto y visiten estas páginas para que empiecen hacer consciencia sobre sus acciones.



  

martes, 27 de octubre de 2015

Qué evaluamos cuando evaluamos el aprendizaje

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Recuerdo muy bien mis años de estudiante, cuando se acostumbraba asignar la calificación de un proceso de aprendizaje con un solo examen al término de proceso. Al concluir un semestre debíamos estudiar todo aquello que se había aprendido o practicado durante  ese periodo para resolver un examen que generalmente era de opción múltiple. Así que siempre tenía la probabilidad de acertar alguna de aquellas preguntas en las que no supiera la respuesta.
Entonces los alumnos aprendíamos muy bien la maña de estos exámenes y memorizábamos lo que más se podía uno o dos días antes y lo que no nos daba tiempo, no habíamos entendido o no nos había interesado estudiar lo dejábamos de lado con la esperanza de que no lo preguntaran y de no ser así, también esperábamos que tuviéramos buena puntería al momento de elegir la respuesta. Algunas amigas y yo hasta rezábamos el siguiente estribillo para sentirnos más seguras al momento de elegir: “Jesús, José y María dame buena puntería”. No importaba cuántos aprendizajes habíamos adquirido, sino cuántas respuestas buenas tenía nuestro examen y en función de eso se nos asignaba una calificación.
También nos aplicaban exámenes mensuales, de un máximo de veinte preguntas, eso, cuando eran de opción múltiple, sino sacábamos una hoja y nos dictaban un máximo de diez preguntas que debíamos responder o problemas que había que resolver. Estos exámenes me gustaban más porque me retaban más. Pensaba más. Muchas veces las calificaciones resultado de estos exámenes era promediada con la del examen final, pero muchas veces no.
Pasados los años, la evaluación de los aprendizajes ha cambiado, todos sabemos que en la educación básica se evalúa por bloques y los resultados de cada bloque son promediados, para obtener la calificación final. También sabemos que ahora hay mucha formación en los docentes para que consideren el proceso al evaluar, es decir, la participación, las tareas, la actitud hacia el aprendizaje, el trabajo en clase, etc. Sin embargo los exámenes de opción múltiple no han desaparecido, siguen siendo la estrella a la hora de valorar si los estudiantes han aprendido.
Pero, ¿qué miden este tipo de exámenes? Pues nada más y nada menos que memoria o buena puntería. Eso está bien cuando necesitamos valorar si los alumnos tienen la información suficiente sobre un tema para avanzar hacia otras cosas. Pero existen otro tipo de recursos para valorar si están logrando aprendizajes, como por ejemplo, exámenes de preguntas abiertas en donde los alumnos tienes que expresar por escrito sus conocimientos e ideas al respecto de un tema, estos exámenes son convenientes cuando queremos observar la forma cómo los alumnos están relacionando la información. Otros recursos para valorar esto mismo, serían, los mapas mentales, conceptuales o esquemas.
En cambio es conveniente que los alumnos resuelvan problemas, dilemas o que reflexionen sobre situaciones simuladas, da la posibilidad de valorar cómo estos están aplicando lo que han aprendido, eso implica que pongan en juego los conocimientos que han adquirido, así como las habilidades que han desarrollado, es posible también que se puedan incluir algunos aspectos de actitudes. Los foros virtuales en plataformas educativas pueden ser otro ejemplo que nos permite valorar estos aspectos de la formación.
Diseñar, planear, realizar una investigación, proyectar, pueden llevar a los alumnos a realizar productos de aprendizaje de un alto nivel de complejidad en los que demuestran sus competencias. Es decir estos dan evidencia de en qué cosas ha avanzado el alumno al momento de ser evaluado y qué le queda por avanzar, por su puesto uno de estos productos no se desarrolla en un corto tiempo, mucho menos en un par de horas, sino que se va construyendo a lo largo de un curso o de un cuatrimestre.
Por lo tanto, cuando un profesor decide que quiere evaluar competencias, deben pensar en  un producto a largo plazo (lo que dura un curso), que el alumno irá desarrollando al mismo tiempo que trabaja con ciertas competencias, el profesor debe tener claras las evidencias y los desempeños que valorará y que deberá reflejar en una rúbrica. Además deberá ir trabajando en el curso no sólo los conocimientos que el alumno necesitará para lograr el producto de aprendizaje esperado, sino las habilidades, las actitudes, las decisiones que deberá tomar, etc. También el profesor deberá contemplar si quiere que los alumnos trabajen este producto de manera individual o en pequeños grupos, pues tal vez una competencia a observar es el trabajo en equipo, entre otras cosas.

Este tipo de evaluación lleva al profesor a realizar valoraciones parciales del producto, haciendo recomendaciones a los alumnos sobre los aspectos a mejorar, pero también le da pistar para reorientar la planeación del proceso de aprendizaje y la propia práctica docente. El profesor puede ponderar estas revisiones parciales de acuerdo a la complejidad del avance y no sólo promediar notas. Este tipo de práctica evaluativa se trata de una evaluación más compleja, pero también más formativa. Por lo que finalmente pregunto a mis colegas docentes, qué es lo que evalúan cuando evalúan. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Pedagogía Ignaciana, más actual que nunca

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Dado que trabajo en una universidad jesuita estoy involucrada frecuentemente, en procesos de formación para profesores de la Ibero Puebla y en éstas se hace referencia a la Pedagogía Ignaciana, que es la propuesta didáctica de Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús, no sólo para la vida académica, sino para llevar a cabo los Ejercicios Espirituales, que es un proceso de revisar la vida a la luz de un buen discernimiento.
Así que cada vez que escucho acerca de esta pedagogía, no puedo más que sentirme sorprendida, y esta sorpresa se debe sobre todo a la vigencia que tiene la propuesta de Ignacio de Loyola en las actividades de aprendizaje y que cualquier profesor debería considerar como parte de su práctica docente. La Ratio Studiorum que es una relación de estudio, reúne los principios de la Pedagogía Ignaciana y fue escrita por Diego de Ledezma en 1553,  ésta fue revisada hasta que en 1599 se publicó la versión definitiva.
Así que la Ratio Studiorum, desde el siglo XVI, propone siete aspectos ha considerar para llevar a cabo el proceso enseñanza aprendizaje que describo a continuación para que todos los docentes tomen nota: 1) Plantea adecuadamente los objetivos del curso, no es algo nuevo, todo profesor sabe que los objetivos o las competencias son la base del buen diseño de un syllabus, pues estos marcan las pautas a las que se pretende llegar al término de un curso. Debe reflejar qué se espera que los alumnos sean capaces de hacer en términos de conocimientos, habilidades, actitudes y desempeños al final de un proceso académico.
2) Dosifica los objetivos de acuerdo a la edad de los alumnos, es otro aspecto base para poder desarrollar un buen curso, no sólo considerar qué, sino para quién. No es lo mismo enseñar el movimiento de independencia alumnos de primero de primaria, que para alumnos de segundo de bachillerato, aunque el contenido sea el mismo. O bien trabajar fracciones con alumnos de tercero de primaria, que con alumnos de segundo de secundaria. Es importante tomar en cuenta el nivel de maduración de los estudiantes para plantear el nivel de dificultad del curso. Toma en cuenta que si la dificultad es menor a lo que los alumnos pueden realizar, estos no aprovecharán el curso y si es demasiado alto, ninguno alcanzará los objetivos propuestos.
3) Considera que el alumno debe estar activo, se refiere a que el alumno debe tener su mente y su pensamiento ocupados con lo que está aprendiendo y no necesariamente a que haga actividad física, es decir, que el profesor tenga momentos de participación y que el alumno tenga los propios, después de todo, el que está aprendiendo es el alumno y por lo tanto es el que debe estar activo.
4) Utiliza la repetición reflexionada, este aspecto es uno de los que más me gustan, pues la intención que refleja es básica en el proceso de aprendizaje, así que los profesores debemos preguntarnos cuál es la intención de que hagan tal o cual actividad educativa, para qué se quiere que hagan tantas planas, o tantas sumas, o tantos resúmenes. Además lo más importante es que el alumno reflexione sólo y/o con sus compañeros acerca de las razones de estas repeticiones. Recuerdo muy bien al Padre Cacho (sacerdote jesuita), diciéndonos que a veces es necesaria la repetición para lograr aprendizajes, pero ésta deben tener un sentido.
5) Varía las actividades, me parece que este es un principio básico para tener éxito con los alumnos como profesor, pues no hay nada más tedioso para un alumno que hacer las mismas cosas sesión tras sesión, aunque el contenido no sea el mismo. Si el alumno empieza a adivinar qué viene y a sentirse frustrado de acertar, dejará de tener interés por el curso. Hay muchos libros acerca de actividades, en estrategias individuales y colaborativas, que se pueden llevar a cabo con diversos contenidos.
6) Despierta el interés de tus alumnos, otro elemento básico al que los psicólogos educativos llaman motivación. Efectivamente si el alumno no está interesado en aprender, no aprenderá aunque el profesor haya hecho el mejor de los procesos. Tal vez después de los objetivos, es el factor que debe considerarse y antes de cualquier actividad es necesario despertar el interés. Puedes utilizar una anécdota, una imagen, un reto, una pregunta. Ésta bien formulada es casi infalible para lograr que los alumnos pongan sus sentidos en el aprendizaje.
7) Has el aprendizaje agradable, esto no significa laxo, sino interesante. En una de las novelas de Lipman que se utilizan para filosofía para niños, alguno de los personajes se cuestiona cómo es que la televisión transmitiendo cosas tan superfluas, logran hacerlas tan interesantes que todo mundo las atiende y cómo la escuela teniendo cosas tan interesantes las hace tan aburridas, y eso tiene que ver con la forma cómo el profesor las presenta.
Resumiendo, la Ratio Studiorum nos da siete principios que de seguirlos, permitirán lograr en los profesores prácticas docentes más pertinentes y en los alumnos aprendizajes más sólidos, pues sin duda favorecerán el desarrollo de competencias de unos y otros. Lo sorprendente es que cinco siglo después, siguen vigentes.  


jueves, 22 de octubre de 2015

Ganar-ganar en la formación continúa de los profesores
Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

En el año 2012 estuvo en la Ibero Puebla dictando una conferencia magistral en un coloquio de tesis doctorales la Dra. Guadalupe Moreno Bayardo de la Universidad de Guadalajara quien nos hizo reflexionar sobre la formación de investigadores educativos en México y que sigue muy vigente en las condiciones actuales de la Reforma Educativa. En  primer lugar hizo referencia sobre cómo están los posgrados en educación en nuestro país y mencionó que hay una clara conciencia de que son necesarios profesionales con posgrado en el ámbito educativo, pero que esto es muy cuestionado porque nada cambia en las aulas y que en muchas ocasiones en una respuesta al credencialismo.
Sin embargo, manifestó que es la mejor manera de favorecer cambios estructurales en la educación, pues en un posgrado la formación continua de los docentes es más amplia y profunda, a diferencia de cursos cortos y en cascada que es como normalmente la SEP forma a los profesores de educación básica. Por otro lado ofrece herramientas a los docentes de nivel medio superior o superior que no tienen preparación pedagógica.
También la Dra. Moreno comentó que hay mucha heterogeneidad en la calidad de los posgrados en educación y que cada vez se requieren menos investigadores pues no se sustituyen las plazas de los investigadores en educación, planteando que no es necesario formar investigadores que no encontrarán espacios laborales. Sin embargo hizo el señalamiento de que  al mismo tiempo se requieren expertos en determinadas prácticas educativas.
Esta experta comentó que inicialmente los posgrados en educación fueron réplicas de las licenciaturas generándose los posgrados profesionalizantes que en su momento  fueron considerados de segunda. A pesar de esto ahora se considera la profesionalización como un continum de formación que debe ser intencionada. Los posgrados son considerados como formadores de expertos en diversos campos educativos y la práctica educativa es uno de estos campos.
Es evidente que el eje de formación de los posgrados en educación son las prácticas educativas, por lo que  muchos de los posgrados están orientados a la profesionalización y no a la investigación, aunque para todos tiene sentido formar para la investigación y también para responder a la actualización profesional.  Más allá de esto la Dra. Moreno considera que  la investigación debe ser una herramienta de apoyo, que enriquezca al estudiante de posgrados en educación, haciendo evidente que si los profesores desarrollan investigación de su propia práctica, pueden modificarla.
En cuanto a  los doctorados en educación, la Dra. Moreno mencionó que ahora un 90% de los doctorados tienen una orientación hacia la investigación, sin embargo han surgido algunos doctorados profesionalizantes. Pero dado que la norma en México es que estén orientados a la investigación  han surgido programas híbridos en donde hay profesionalización e investigación, sin embargo cree que esto no es suficiente.
Constantemente a lo largo de su conferencia, la Dra. Moreno puso el dedo en la yaga de que no tenemos formación en investigación, pues hay habilidades que debemos desarrollar desde la educación básica como la escritura, el desarrollo de ideas, el pensamiento hipotético, la toma de decisiones que son algunas herramientas que no están presentes, ni en los profesores, ni en los estudiantes de algunos posgrados en educación.
Ligado a esto último se mencionó cuáles son las características de los sujetos que forman estos programas, por ejemplo los profesores de los posgrados tienen formas de contratación que no favorecen que hagan investigación, pues sólo se involucran con una institución a partir de la impartición de una clase. Del mismo modo los estudiantes, no son seleccionados para su ingreso y muchas veces no cuentan con la  preparación suficiente por los campos formativos de los que provienen. Todo esto genera que muchos estudiantes de posgrado se queden en el camino y no concluyan su formación.
Todo este discurso me llevó a pensar cuáles son las condiciones de los posgrados en educación de nuestra entidad, a partir del convenio que la subsecretaría de educación superior del sexenio estatal anterior estableció con algunas universidades privadas y de los que soy profesora. Primero, estos programas se establecieron a un bajo costo para que los docentes de educación básica tuvieran acceso a ellos, al no recibir estos una buena paga por el trabajo que desempeñan difícilmente tienen acceso a este tipo de formación. Los profesores han tenido una respuesta significativa y han inundado las aulas de estas instituciones, tal vez por el credencialismo, o tal vez por una conciencia que han desarrollado como docente.

Las instituciones educativas que subsisten de la colegiatura de sus alumnos, se han visto también beneficiadas, pues han incrementado su matricula. Es verdad que estos programas se catalogan como profesionalizantes y como lo señala la Dra. Moreno, están centrados en las prácticas educativas y no en la investigación. Tampoco alcanzan los estándares de calidad que establece CONACyT, pero están moviendo la conciencia de los profesores, incluso de aquellos que se acercan por el papelito, y los docente están moviendo cosas en su pequeño espacio áulico, lo que a veces, no impacta a nivel de sistema, pero que alcanza para impactar a sus alumnos. Creo que en esta dinámica tenemos un ganar-ganar, de esos, que necesitamos a nivel social. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Las pruebas estandarizadas y la calidad de la educación

Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos

Hace unos meses leí un artículo sobre las pruebas estandarizadas de Berrenechea (2010), en el que hace seis reflexiones críticas acerca de estas pruebas. Estas reflexiones son: la tensión que existe entre el concepto de inteligencias múltiples y las evaluaciones estandarizadas, la desatención de componentes del currículum real – el cual no necesariamente se agota en el currículum preescripto, los riesgos de enseñar para el test, los incentivos que se generan de hacer trampa con los resultados, la falta de consideración de las diferencias socio económicas de los alumnos que son evaluados, y, por último, las limitaciones de los resultados de las evaluaciones estandarizadas para predecir el éxito laboral de los estudiantes.

Este artículo se publicó en una revista estadounidense y algunos de los aspectos señalados en éste no están en sintonía con nuestro contexto, sin embargo hay tres que sí corresponden a cualquier ambiente en el que se aplique. Tanto PLANEA como PISA deberían estar considerando las tres críticas que señala este autor y que son: 1) Los riesgos de enseñar para los test, es decir, dado que los resultados de las pruebas estandarizadas están sirviendo para señalar cuáles profesores son bien evaluados y cuáles no; ya es sabido que muchos profesores y muchas instituciones educativas dedican mucho tiempo a preparar a los alumnos para que respondan de manera adecuada a estas pruebas cuando lo sano sería que se respondieran de la manera más natural posible.

2) Los incentivos que se generan de hacer trampa con los resultados. También es bastante conocido que todos los seres humanos nos acomodamos a la evaluación, es decir, una vez que sabemos cómo vamos a ser evaluados, cuidamos que esos aspectos que serán considerados estén bien contemplados en los instrumentos que estamos respondiendo o construyendo. Esa es la razón por la que los niños preguntan a su profesor, si lo que están viendo va a venir en el examen… o si un profesor pide a sus alumnos un ensayo y éste señala qué es lo que espera en dicho trabajo, los alumnos harán hasta lo imposible por cubrir esos aspectos.

Esto es normal y lo hacemos todos. La trampa está en que preparamos a los alumnos para responder a la prueba estandarizada de manera correcta, aunque no se aprenda todo lo que se tiene que aprender. Así que lo grave radica en que la prueba se vuelve lo más importante del proceso de aprendizaje dejando de lado las necesidades de  las personas y al propio aprendizaje.

Y 3) la falta de consideración de las diferencias socio económicas de los alumnos que son evaluados. Este aspecto no ha sido para nada considerado, así que esperamos que todos los alumnos obtengan indistintamente los mismos resultados, aun cuando el capital cultural de estos es totalmente diferente. Cuando hablo de capital cultural me refiero a todo el ambiente que envuelve a los estudiantes y que favorece su desarrollo escolar o no. Por ejemplo, si los padres leen, si hay computadoras y/o libros en casa, si los padres tienen un nivel de preparación escolar alto o no, si asisten a conciertos, exposiciones o presentaciones de arte, si practican algún deporte, si se habla de los problemas socioeconómico y políticos locales o del país, etc.

Por supuesto que los niños y jóvenes que estén expuestos a estos ambientes tendrán más posibilidades de salir bien evaluados que aquellos que no tienen estos elementos a la mano. Esto no quiere decir que los estudiantes que no tengan este tipo de capital cultural, carezcan de éste, tienen otro, de eso no hay duda; sin embargo no tienen el que favorece un desarrollo escolar óptimo.

Así que, como puede apreciar mi estimado lector, estos factores no están relacionados con lo que un profesor puede hacer en el aula, pues son aspectos de la realidad social que envuelven a los diversos contextos de nuestro país.

Finalmente quiero manifestar que no estoy en contra de las pruebas estandarizadas, pues ofrecen información muy valiosa que puede ayudar a tomar decisiones a nivel macro y micro sobre cómo mejorar la calidad de la educación, pero no deberíamos utilizarla para hacer señalamientos de cuáles escuelas están mejor o peor, o cuáles profesores son mejores, etc., etc. Sino para decir en dónde se requiere hacer refuerzos, en qué se debe mejorar la formación docente inicial y continua, cómo se puede mejorar el capital cultural de los niños y los jóvenes para un desarrollo escolar, qué zonas del país necesitan reforzar su desarrollo cultural, como se puede ayudar a los padres a enriquecer su capital cultural escolar,  qué escuelas requieren mayor infraestructura y mejores profesores, entre otras muchas cosas.


Estas pruebas deberían dar información, información que además es valiosa para una buena toma de decisiones que permita mejorar la calidad de la educación.

jueves, 15 de octubre de 2015

El mecate truena por lo más delgado
Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos
En días pasado hubo un escándalo cuando Denisse Dresser dijo, a propósito del documental de Panzazo, que cuando uno ve éste cae en la tentación de desear que la Señora Elba Esther Gordillo muera en su próxima cirugía plástica, dado el daño que causa a la educación en nuestro país. La intelectual se disculpó después diciendo que era una broma de mal gusto y que lo que había querido decir es que el problema de la educación en México no está centrado en  la Señora, sino que es un problema sistémico, en el que todos estamos involucrados.
Esto es algo que ya se ha dicho desde hace unos pocos años, es necesario rehacer la SEP y restructurar el SNTE, también rehacer la estructura educativa y renovar la formación inicial y continua de los docentes. Pues curricularmente ya se han hecho las renovaciones pertinentes, de acuerdo a lo señalado por la OCDE, pero ésta se han vuelto a montar en el viejo sistema haciendo que el currículum truene por lo más delgado, los profesores.
Según Michel Fullan, las innovaciones educativas no funcionan, porque el sistema educativo no cambia, es decir la gestión y la administración siguen siendo las mismas, incluso la formación de los docentes no se actualiza. En nuestro país, hemos sido testigo que se hizo la renovación al currículo y después la renovación de los planes de estudios de las normales, ¿no tendría que haber sido al revés? Y luego ya que se había echado a andar la propuesta curricular se empezó a formar a los profesores  haciendo una formación en cascada y más bien se informa, no se forma.
Los cursos, son breves y no hay seguimiento de la implementación, se confía que con esa “información” será suficiente para que el profesor pueda implementar una propuesta curricular tan compleja como es el enfoque por competencias. Como ejemplo comento que el sábado pasado uno  de mis alumnos de maestría que es profesor en una escuela secundaria pública, me mostró un power point, muy bien hecho y muy interesante de cómo hacer la evaluación por competencias.
El problema no es el material, sino que hasta ahora y unos años después de implementarse la reforma de la educación básica, se esté  informando a los profesores sobre cómo evaluar las competencias, entonces ¿cómo lo han hecho hasta ahora? Pues como lo venían haciendo hasta antes de la reforma y en realidad las prácticas educativas siguen tan tradicionales como siempre.

Como docente de docentes, observo que muchos de mis  alumnos, tienen más compromiso y vocación que formación y con eso hacen mucho, pero no es suficiente, efectivamente hay un mal sistémico en la educación, pero por dónde empezar a cambiarlo, para realmente mejorarlo, para terminar con todos los intereses creados por la SEP y el SNTE y favorecer que los profesores reciban la formación necesaria y de la manera correcta para que las propuestas curriculares no tuenen por lo más delgado.
Este es un blog creado para compartir mis reflexiones desde mi experiencia como docente, que ha impartido clases por más de 25 años en varios niveles educativos. Me gustaría saber qué piensas de lo que yo pienso acerca de la educación.