Ama a tu prójimo
Por: Dra. Laura
Angélica Bárcenas Pozos
¿Recuerdas el caso Florece Cassez?, sobre qué fue lo que
sucedió con aquel montaje televisivo y cómo finalmente se decidió darle la
libertad lisa y llana a esta ciudadana
francesa. Sin embargo, quiero centrarme
en el impacto que me causó ella cuando se nos fue presentada en ese show
telenovelero que nos mostró el conductor Loret de Mola a través de su exitoso
programa Primero Noticias, que ha sido disminuido en horas de transmisión en
días pasados.
En aquella exhibición del 2013, Florece Cassez gritaba a los
medios que ella no tenía nada que ver, que sólo era novia del secuestrador y
que sólo estaba ahí porque le había dado “chance” de quedarse. Su grito no era
de súplica, sino de exigencia y de arrogancia. Claro, ella sabía que las
autoridades mexicanas no estaban actuando de manera legal. Pues ella y su novio
Israel Vallarta habían sido detenidos un día antes y todo lo que estábamos viendo,
era una actuación que, más tarde la favorecería, pues le daría la libertad.
Todo esto lo traigo a colación porque recordé el momento de la liberación de esta
mujer francesa que me hizo pensar en la crisis y el deterioro social en el que
estamos inmiscuidos y en el que todos somos responsables. Este caso muestra lo
peor de lo peor de una sociedad totalmente en crisis. Un sujeto que se dedica a
privar a la gente de su libertad para obtener de manera ilícita dinero, una
mujer que lo acompaña, siendo cómplice de sus fechorías, una autoridad que
engaña para lucirse y obtener beneficios políticos. Todos pasando sobre otros.
¿Quién es la víctima aquí? ¿Florence Cassez, los
secuestrados, el pueblo mexicano, las verdaderas víctimas de aquel secuestro? Tal
vez, todos. Y todo esto tiene que ver
con la formación que estamos construyendo en donde los valores fundamentales
como “el no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti” está simplemente
perdido. Los seres humanos nos estamos acostumbrando a pasar encima de otros
seres humanos, todos vemos esto como natural, como “es lo que toca”.
He pensado mucho sobre los motivos que tuvo esta mujer
francesa para venir a México a delinquir, que llevó a su novio a ser un
secuestrador, qué cosas movieron al procurador a montar tal show para engañar a
la opinión pública… tal vez las decisiones que tomaron, son causa de una triste
existencia que no les da más que para vivir afectando a otros, porque por ellos
mismos no hay medios para subsistir.
Me he preguntado dónde están sus valores, qué es lo valioso
para ellos, y llego a la conclusión de que han centrado sus valores en objetos
externos, como el dinero, el prestigio, la fama, tal vez en el caso de la
Cassez, la aceptación del otro. Triste cosa, mucha de esta gente no alcanza a
ver que el verdadero sentido de la vida no está en las cosas materiales o en
las cosas externas a ellos, sino en ellos mismos, en su interior en el tejido
que va siendo su propia existencia.
También me preguntó que temores enfrentarán al momento de su
muerte, a quién pedirán perdón, qué tormento les quitará el sueño, qué rostro
vendrá a ellos cada noche pidiéndoles una explicación de sus actos. Me pregunto
si vivirán la compasión, el amor, el perdón. Me pregunto qué rencores
guardarán, que odios los perseguirán, que tristezas albergarán. Y cuando pienso
en esto, no me queda más que sentir piedad por ellos.
Qué solos y tristes acabarán.
Por esto me levanto cada día, me dispongo a enfrentar la
vida cuando me ducho, repaso a mis seres queridos mientras hago oración, pienso
en cómo afecto con mis acciones a los otros, mis cercanos y mis lejanos y al
pensar en esto, combinado con el caso Cassez, me pregunto que aprendí yo que
ellos no. Me pregunto incansablemente, ¿por qué mis decisiones, como las de
miles de personas, se inclinan al bien y porque las de ellos, como las de otras
miles de personas, se inclinan al mal?, ¿en qué radica esta sutil diferencia?,
¿qué aprendimos nosotros, qué aprendieron ellos?
Tal vez la respuesta es sencilla, tal vez la respuesta es
que los que tendemos al bien aprendimos o fuimos formados en valores, mientras
que los que tienden al mal han caminado a la deriva y no tuvieron tiempo de
reflexionar sobre sus acciones. Tal vez no les inculcaron para pensar en los
otros como en ellos mismos, o tal vez hubo otros, que pasaron sobre ellos en el
pasado, o tal vez sus valores están centrados en cosas y no en las personas.
Por eso creo de manera absoluta en esa enseñanza cristiana,
que consiste en amar a tu prójimo, es decir tu próximo, como a ti mismo. Y ese
próximo puede ser tu esposo, tus hijos, tu madre, tu hermano, tu amigo, tu
vecino, tu compañero, tu maestro, tu conciudadano; ése es el principio
fundamental de la formación en valores…
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