Pedagogía Ignaciana, más actual que nunca
Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos
Dado que trabajo en una
universidad jesuita estoy involucrada frecuentemente, en procesos de formación
para profesores de la Ibero Puebla y en éstas se hace referencia a la Pedagogía
Ignaciana, que es la propuesta didáctica de Ignacio de Loyola fundador de la
Compañía de Jesús, no sólo para la vida académica, sino para llevar a cabo los
Ejercicios Espirituales, que es un proceso de revisar la vida a la luz de un
buen discernimiento.
Así que cada vez que escucho acerca
de esta pedagogía, no puedo más que sentirme sorprendida, y esta sorpresa se
debe sobre todo a la vigencia que tiene la propuesta de Ignacio de Loyola en
las actividades de aprendizaje y que cualquier profesor debería considerar como
parte de su práctica docente. La Ratio Studiorum que es una relación de estudio,
reúne los principios de la Pedagogía Ignaciana y fue escrita por Diego de
Ledezma en 1553, ésta fue revisada hasta
que en 1599 se publicó la versión definitiva.
Así que la Ratio Studiorum, desde
el siglo XVI, propone siete aspectos ha considerar para llevar a cabo el
proceso enseñanza aprendizaje que describo a continuación para que todos los
docentes tomen nota: 1) Plantea adecuadamente los objetivos del curso, no es
algo nuevo, todo profesor sabe que los objetivos o las competencias son la base
del buen diseño de un syllabus, pues estos marcan las pautas a las que se
pretende llegar al término de un curso. Debe reflejar qué se espera que los
alumnos sean capaces de hacer en términos de conocimientos, habilidades,
actitudes y desempeños al final de un proceso académico.
2) Dosifica los objetivos de
acuerdo a la edad de los alumnos, es otro aspecto base para poder desarrollar
un buen curso, no sólo considerar qué, sino para quién. No es lo mismo enseñar
el movimiento de independencia alumnos de primero de primaria, que para alumnos
de segundo de bachillerato, aunque el contenido sea el mismo. O bien trabajar
fracciones con alumnos de tercero de primaria, que con alumnos de segundo de
secundaria. Es importante tomar en cuenta el nivel de maduración de los
estudiantes para plantear el nivel de dificultad del curso. Toma en cuenta que
si la dificultad es menor a lo que los alumnos pueden realizar, estos no
aprovecharán el curso y si es demasiado alto, ninguno alcanzará los objetivos
propuestos.
3) Considera que el alumno debe
estar activo, se refiere a que el alumno debe tener su mente y su pensamiento
ocupados con lo que está aprendiendo y no necesariamente a que haga actividad
física, es decir, que el profesor tenga momentos de participación y que el
alumno tenga los propios, después de todo, el que está aprendiendo es el alumno
y por lo tanto es el que debe estar activo.
4) Utiliza la repetición
reflexionada, este aspecto es uno de los que más me gustan, pues la intención
que refleja es básica en el proceso de aprendizaje, así que los profesores
debemos preguntarnos cuál es la intención de que hagan tal o cual actividad
educativa, para qué se quiere que hagan tantas planas, o tantas sumas, o tantos
resúmenes. Además lo más importante es que el alumno reflexione sólo y/o con
sus compañeros acerca de las razones de estas repeticiones. Recuerdo muy bien
al Padre Cacho (sacerdote jesuita), diciéndonos que a veces es necesaria la
repetición para lograr aprendizajes, pero ésta deben tener un sentido.
5) Varía las actividades, me
parece que este es un principio básico para tener éxito con los alumnos como
profesor, pues no hay nada más tedioso para un alumno que hacer las mismas
cosas sesión tras sesión, aunque el contenido no sea el mismo. Si el alumno empieza
a adivinar qué viene y a sentirse frustrado de acertar, dejará de tener interés
por el curso. Hay muchos libros acerca de actividades, en estrategias
individuales y colaborativas, que se pueden llevar a cabo con diversos
contenidos.
6) Despierta el interés de tus
alumnos, otro elemento básico al que los psicólogos educativos llaman
motivación. Efectivamente si el alumno no está interesado en aprender, no
aprenderá aunque el profesor haya hecho el mejor de los procesos. Tal vez
después de los objetivos, es el factor que debe considerarse y antes de
cualquier actividad es necesario despertar el interés. Puedes utilizar una
anécdota, una imagen, un reto, una pregunta. Ésta bien formulada es casi
infalible para lograr que los alumnos pongan sus sentidos en el aprendizaje.
7) Has el aprendizaje agradable,
esto no significa laxo, sino interesante. En una de las novelas de Lipman que
se utilizan para filosofía para niños, alguno de los personajes se cuestiona cómo
es que la televisión transmitiendo cosas tan superfluas, logran hacerlas tan
interesantes que todo mundo las atiende y cómo la escuela teniendo cosas tan
interesantes las hace tan aburridas, y eso tiene que ver con la forma cómo el
profesor las presenta.
Resumiendo, la Ratio Studiorum
nos da siete principios que de seguirlos, permitirán lograr en los profesores
prácticas docentes más pertinentes y en los alumnos aprendizajes más sólidos,
pues sin duda favorecerán el desarrollo de competencias de unos y otros. Lo
sorprendente es que cinco siglo después, siguen vigentes.
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