Jugar y vivir los valores
Por: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos
Hace un par de años tuve una
experiencia desagradable, cuando salí de la Ibero Puebla para ir a mi casa,
bajé el puente que está sobre la Atlixcayotl para tomar esta avenida rumbo a la
ciudad. Esa bajada es un tanto peligrosa pues los automóviles que vienen de sur
a norte circulan a una alta velocidad y los que se incorporan tienen que
hacerlo con sumo cuidado e irse abriendo hacia la izquierda, pues además de la
alta velocidad hay una buena cantidad de vehículo que quieren subir al puente
rumbo al Hospital del Niño Poblano.
Después de esa maniobra un
centenar de metros adelante, los carriles se reducían por una obra que el
gobierno del estado estaba haciendo. Cuando estaba por llegar a esa altura, yo
tomé mi precaución y me metí un carril más a mi izquierda, pero a mi derecha
circulaba a alta velocidad un auto compacto y pensé, “bájale, ya viene la
reducción”, pero el conductor no bajó la velocidad y ya circulaba adelante a mi
derecha cuando se encontró de frente y con muy pocos metros para reducir la
velocidad con la barra de contención que se puso de manera provisional para las
maniobras de dicha obra.
El conductor se abrió como pudo,
pero le dio con su salpicadera delantera a un bloque de la barra de contención
y a una reja que salieron volando hacia la izquierda golpeando la camioneta
tipo suburban que circulaba justo delante de mí. La conductora de este
vehículo, una señora de más de cuarenta se detuvo porque su carro había sufrido
daños, yo tuve que frenar violentamente porque, mi auto que es compacto y muy
bajito se habría dañado de pasar encima del bloque y de la reja, al detenerme
quedé justo a la altura del conductor del carro compacto, quién volteo a verme
echándome una mirada de “vieja estúpida”, yo le eché otra de “te lo dije
baboso”.
Mientras el conductor del auto
compacto, que no rebasaba los treinta y yo nos echábamos miradas retadoras, la
mujer de la camioneta se bajó para reclamarle su imprudencia y cobrarle por los
daños hechos a su auto. Entonces ante mi mirada estupefacta y la de la otra
mujer, el chofer del auto compacto se echó hábilmente de reversa, tomó
rápidamente el carril que estaba a mi izquierda, mientras su compañero al que
yo no había visto, sacó una mano haciéndonos una seña obscena a la mujer de la
camioneta y a mi.
La mujer corrió a su camioneta se
subió y se fue persiguiéndolos, mientras yo tardé en reaccionar y en
incorporarme a la circulación por la cantidad de vehículos que venían sobre la
Atlixcayotl. Me quedé pensando que los tipos del auto compacto ya no eran unos
jovencitos como para eludir su responsabilidad de circular a una alta
velocidad, dañar la unidad de otra persona,
tratar de huir al cometer una imprudencia automovilística y mucho menos para
burlarse de la persona a la que dañaron al salirse con la suya. “¿De qué se
trata?”, me pregunté mientras experimentaba un sentimiento de frustración,
reflexionando sobre los pocos valores que tenemos como sociedad y que nos
estamos acostumbrando a pasar unos encima de los otros.
Y dado que la semana anterior a
este evento había esto en la IX Jornada de Red de Educación y Valores en la
ciudad de Guadalajara y el tema central que se abordó es que tenemos que
trabajar el asunto de los valores con estudiantes de todas las edades, pero
principalmente en los niños. Se decía que si logramos reflexionar con los más
pequeños los principios fundamentales de cuatro relaciones, la personal, la
familiar, la social y la global; nos estaremos acercando a la construcción de
un mundo más fundado en valores.
El Dr. Antonio Paoli, académico
de la Universidad Autónoma Metropolitana, nos dio muestra de formas para
trabajar los valores con los niños desde lo estético y lo lúdico; este
académico apuesta que a partir de una experiencia estética, la reflexión
de dicha experiencia y el juego puede
mostrarse un cambio de actitud. Entonces recomienda que los profesores trabajen
los valores partiendo de relatos, que
dialoguen con los niños acerca del contenido de estos relatos, que los
representen a través de la plática e incluso de obras de teatro, que canten y
bailen sobre el mensaje de la canción y que vuelvan a dialogarlo entre
profesores y niños.
El Dr. Paoli ha desarrollado un
programa para trabajar su propuesta en escuela públicas en México en el que se incluye
a las familias y ha empezado a implementarlo en el Estado de Chiapas, pero invita a que visitemos la página y el
Facebook que ha creado sobre esto para que cualquier profesor pueda
practicarlo, pues ha desarrollado una serie de relatos y secuencias didácticas
que pueden apoyar a los profesores en el trabajo de valores con los niños.
Aunque el programa de este académico está pensado para el nivel de primaria,
cree que los profesores de secundaria y de jardín de niños pueden adaptarlo. La
dirección de su página es: jugaryvivirlosvalores.xoc.uam.mx y en Facebook se pueden encontrar como “jugar
y vivir los valores”.
Te invito a visitar tanto la
página como el Facebook, sobre todo si eres profesor, pero también si eres
padre o madre de familia. Considero que algo tenemos que hacer como adultos con
los niños, antes de que se conviertan en patanes como los del accidente que
narré al inicio. También espero que muchos patanes lean esto y visiten estas
páginas para que empiecen hacer consciencia sobre sus acciones.
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