Retroalimentar y no
sólo aprobar
Por: Dra. Laura
Angélica Bárcenas Pozos
La calificación, la evaluación y
la retroalimentación son tres actividades significativas que deben llevarse a
cabo como parte del proceso de enseñar y aprender. Sin embargo, si se revisan cada uno de los niveles
educativos, se podrá observar que todos los profesores califican, algunos
evalúan y muy pocos retroalimentan. Pero, ¿cuál es la diferencia de estas tres
acciones?
Calificar es la más simple, se
refiere a la asignación de un valor, utilizando una escala socialmente acordada
para indicar que un alumno ha alcanzado los objetivos, los ha alcanzado
medianamente, o bien no los ha alcanzado. Esta acción está, o es mejor decir
que debiera estar, íntimamente ligada a la evaluación. Se puede decir que debe
ser el resultado del proceso de la evaluación y por lo tanto es la simple
acción de colocar la nota en los documentos correspondientes. Claro que a
través de la calificación se certifica socialmente el avance de los estudiantes.
Evaluar es una cosa mucho más
compleja, es más, es la más compleja de las tres acciones que en este escrito
estamos revisando. Y se refiere a todo el proceso de seguir, observar,
acompañar, aplicar instrumentos y herramientas que permitan recolectar datos
sobre el desempeño de los alumnos, para obtener evidencias sobre si los alumnos
han o están en proceso de alcanzar los objetivos. Es decir, en esta acción los
profesores están comparando los desempeños de los alumnos con los objetivos
planteados, a través de parámetros establecidos. En este caso el docente es el único
que sabe cuáles son las diferencias entre desempeños y objetivos.
Retroalimentar se refiere a que
el profesor comunique a cada uno de sus alumnos, pero también a un grupo, si es
el caso, la diferencia encontrada en la evaluación entre objetivos y
desempeños. Se trata de hacer consciente a los estudiantes, sobre lo que han
avanzado y lo que queda por avanzar con respecto a los objetivos, pero no sólo
eso, sino que deben ayudarles a establecer metas para seguir avanzando.
Entonces, como el lector ya habrá deducido, esta acción también está ligada a
la evaluación y también es resultado de la misma.
Entre más altos son los niveles
educativos, el diálogo debe ser directamente con los alumnos y mientras más
pequeños son estos, debe ser con los padres. Los expertos sobre este tema, aconsejan
que ésta se de no sólo al término del proceso de aprendizaje, sino durante
éste, pues de llevarse a cabo así, los alumnos más atrasados reorientarán sus
metas, o al menos sabrán qué cosas deben mejorar para alcanzar los objetivos y
éste es un buen medio para disminuir la reprobación, permitiendo que los
estudiantes alcancen las metas de los cursos.
También se recomienda que al
hacer la retroalimentación los profesores hagan observaciones sobre los
productos, así como de las debilidades de estos, y no de los estudiantes, con
la intención de no afectar su autoestima, pues si se hace referencia a la
evidencia utilizada para la evaluación, el profesor le referirá al alumno qué
debe trabajar para mejorar ésta, y no sobre qué le falta desarrollar al alumno.
Junto a las observaciones que se hagan sobre el producto, se le debe decir al
alumno, qué puede hacer para mejorar el producto y de paso señalar cuáles de sus
habilidades o destrezas debe trabajar para cumplir con la tarea.
Los expertos en retroalimentación
señalan que cuando un docente hace este quehacer, debe iniciarla señalando los
aspectos en los que el alumno ya ha alcanzado la meta, para motivarlo a
continuar superándose, por ejemplo, “al
revisar tu ensayo pude percibir que tu estilo de redacción invita al lector a
entusiasmarse por el tema y es muy coherente, sin embargo la argumentación que
se muestra en el ensayo es un poco débil, yo creo que si lees a fulano y a
zutano, podrás tener más elementos para hacer más sólida esa argumentación”.
Claro está que si el docente hace
una sola revisión de este producto, será tarde para hacerle notar a los
estudiantes sus deficiencias, sobre todo, si estos están aprendiendo a desarrollar
ensayos, tendría que haber al menos una revisión previa, para asegurar que la
mayoría alcanzara la meta. Hay algunos autores que señalan que esta
retroalimentación debe hacerse cara a cara, de manera fraterna y amable,
señalando que cuando se lleva a cabo de este modo, los resultados que se
obtienen son muy significativos, sin embargo otros dicen que se puede completar
con notas al margen para que el estudiante no olvide qué cosas le fueron
señaladas.
Así que si en este país
pretendemos ir eliminando la reprobación, los docentes tendríamos que practicar
la retroalimentación para favorecer que más alumnos se hicieran conscientes de
cuáles son los factores que deben trabajar y cómo para ir alcanzando las metas
del proceso de aprendizaje y no sólo asentarles una nota aprobatoria
permitiéndoles avanzar sin sentido por los diferentes niveles educativos. La
retroalimentación, debería irse convirtiendo en una buena práctica docente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario